Las manifestaciones de la demencia dependen del área del cerebro que esté afectada. El primer síntoma de demencia suele ser olvidar cosas con frecuencia, después también puede afectar a la capacidad de razonamiento, de pensar y de resolver problemas.
Los signos y síntomas cognitivos más frecuentes suelen ser:
Pérdida de memoria, olvidarse de nombres de familiares y amigos.
Dificultad para encontrar palabras, usar palabras inusuales para referirse a objetos de la vida cotidiana.
Dificultad con las habilidades visuales y espaciales, perderse en un lugar conocido.
Dificultades en el razonamiento y en la resolución de problemas.
Dificultad para manejar tareas difíciles.
Dificultad para organizarse.
Dificultad de coordinación de las habilidades motoras, causando problemas con el equilibrio o el movimiento.
Confusión y desorientación.
Las manifestaciones psicológicas más frecuentes a menudo son:
Ansiedad.
Depresión.
Cambios en la personalidad, perdiendo interés en algunas actividades
Comportamiento inapropiado
Paranoia
Agitación
Alucinaciones
Las manifestaciones de la demencia van de menos a más gradualmente. Cuando la persona está más grave acaba dependiendo de los demás para su atención.
Colores que parecen desteñidos, pérdida de colores o color amarillento.
Necesidad de una luz más brillante para leer y realizar otras actividades.
Resplandor alrededor de las luces (halos)
Sensibilidad al resplandor y a las luces
Dificultad para ver bien de noche
Ver doble en un solo ojo
Cambios frecuente de la graduación de sus gafas o lentillas
Al principio la opacificación de la visión puede afectar a una parte pequeña del cristalino del ojo y por lo tanto no se evidencian los síntomas; a medida que avanza la enfermedad el cristalino se hace más opaco y la perdida de visión se hace más notable.
Las cataratas es una enfermedad que tiene una alta incidencia en las personas mayores. Todos padeceremos a lo largo de nuestra vida es opacidad del cristalino que nos hará ver a
través del ojo de una manera insuficiente. Para acabar con esta enfermedad se pueden mejorar los síntomas iniciales con gafas de aumento, de sol y los sitios con luz. Si con esto no mejora, la medida que ayudaría a restablecer el cristalino es la cirugía.
La cirugía es muy segura (registra un 90% de mejora en la visión) y se hace a personas con cataratas pero suelen tener otras complicaciones oculares relacionadas como un glaucoma o
a degeneración macular asociada a la edad. Se opera cada ojo individualmente y generalmente con cuatro u ocho semanas de diferencia. Se debe recurrir a ella cuando esta patología dificulte la vida diaria. Esta cirugía aunque se posponga mucho tiempo, no tendrá muchas más mayores complicaciones.
Como con cualquier operación, la cirugía para las cataratas tiene sus riesgos como una infección o pérdida de sangre. Antes de la cirugía, el médico tiene que ver si pide al paciente que temporalmente deje de tomar ciertos medicamentos que aumentan el riesgo de una hemorragia durante la operación. Después de la cirugía, hay que mantener el ojo limpio, lavarse las manos antes de tocarse el ojo y utilizar los medicamentos recetados para ayudar a minimizar el riesgo de una infección. Una infección seria puede resultar en pérdida de la visión.
La cirugía de cataras aumenta el riesgo de desprendimiento de la retina. Otros problemas de los ojos, como la miopía (vista corta), pueden aumentar aún más el desprendimiento de retina. Una señal del desprendimiento retinal es un aumento repentino de destellos o cuerpos flotantes (moscas volantes) en el ojo. Los cuerpos flotantes son pequeñas “telas de araña” o manchitas que parecen flotar en el campo visual. Si notas un aumento repentino de cuerpos flotantes o destellos, habría que acudir al oculista. Un desprendimiento retinal es una emergencia médica y no causa dolor. El tratamiento temprano del desprendimiento de retina puede prevenir la pérdida permanente de la visión pero aun así, puede darse una perdida parcial de la visión. .
Hay dos tipos de cirugía para las cataratas. Dependiendo del perfil, el medico pedirá hacer:
Facoemulsificación, cirugía de cataratas con incisión pequeña o faco : Es la más recuente, se realiza una pequeña incisión en el borde de la córnea (la superficie transparente en forma de cúpula que cubre la parte delantera del ojo). Luego se introduce una sonda muy pequeña en el ojo. Este instrumento emite ondas ultrasónicas
que ablandan y destruyen el cristalino para poder removerlo aspirándolo.
Cirugía extracapsular: Se hace una incisión más larga en el borde de la córnea y extrae el centro opaco del cristalino en una sola pieza. El resto del cristalino se saca aspirándolo.
Después de que se ha extraído el cristalino, frecuentemente se reemplaza por un lente artificial llamado lente intraocular. Un lente intraocular es un lente plástico transparente que no requiere cuidado y que se convierte en una parte permanente del ojo. El lente intraocular enfoca la luz claramente sobre la retina, mejorando la visión.
Algunas personas no pueden usar un lente intraocular. Pueden tener otras enfermedades de los ojos o pueden haber tenido problemas durante la operación. A estos pacientes se les puede sugerir lentes de contactos blandos o gafas con un grado elevado de aumento.
A continuación muestro una gráfica donde se representa algunas patologías que aumentan las cataratas.
El síntoma más frecuente es la
pirosis (sensación de ardor o acidez en la boca del estómago o en el centro del
pecho) junto con el sabor ácido en la garganta. Debemos incluir en las manifestaciones
a otras que no son tan comunes pero que también existen:
Dolor gástrico
Dolor en el pecho no quemante
Disfagia: dificultad para tragar
Atragantamientos frecuentes
Odinofagia: dolor al tragar
Tos crónica, ronquera y asma
Regurgitación de alimentos
Neumonía
Sinusitis crónica
Despertarse con sensación de ahogo
Existen una serie de síntomas que indican una mayor gravedad de la patología y ante las cuales debemos acudir al médico:
Disfagia
Hematemesis: vómitos con sangre
Melenas: heces alquitranadas por contener sangre
Dolor de pecho
Pérdida de peso
Ahogo
La siguiente gráfica muestra la distribución en los hallazgos endoscópicos en aquellos pacientes que presentan síntomas de ERGE (enfermedad por reflujo gastroesofágico):
Un infarto de miocardio o ataque al corazón es un tipo de cardiopatía isquémica que se produce cuando el flujo de sangre al corazón se bloquea, por el deterioro y la obstrucción de las arterias del corazón (arteriosclerosis coronaria). Generalmente el bloqueo de estas arterias está causado por:
Una acumulación de colesterol, lípidos y células inflamatorias en sus paredes, que forman sustancias llamadas placas de ateroma que estrechan las arterias (enfermedad de las arterias coronarias). Es la causa más común.
La rotura de una de esas placas, que forma un coágulo que si es grande puede bloquear el flujo de sangre, produciendo isquemia.
Un espasmo de la arteria coronaria, que cierra el paso al flujo de sangre.
La infección por el virus COVID-19 puede dañar el corazón de manera que resulte en un infarto de miocardio.
El infarto de miocardio, si no se trata rápidamente, puede resultar mortal ya que el miocardio comienza a necrosarse al no llegarle oxígeno. Un tratamiento precoz puede prevenir o limitar el daño del músculo cardíaco por eso es fundamental conocer los síntomas y ante la sospecha de que está padeciendo un ataque al corazón debe llamar a los servicios de emergencia (061 o 112).
Factores de riesgo del infarto de miocardio:
Edad: hombres de más de 45 años y mujeres de más de 55.
Sexo: ser hombre.
Consumo de tabaco.
Hipertensión arterial.
Niveles de triglicéridos y colesterol altos en sangre.
Obesidad o sobrepeso.
Diabetes.
Síndrome metabólico: presencia de obesidad, presión arterial alta y nivel alto de glucosa en sangre.
Antecedentes familiares de ataques al corazón.
Ausencia de realización de ejercicio físico, sedentarismo.
Dieta no saludable.
Consumo excesivo de alcohol.
Estrés.
Consumo de drogas ilegales.
Antecedentes de preeclampsia (enfermedad que causa presión arterial alta durante el embarazo).
Enfermedades autoinmunitarias (como artritis reumática o lupus).
No todas las personas que sufren
un ataque cardíaco tienen los síntomas típicos de dolor repentino que hace que
la persona se agarre al pecho y se desplome en el suelo. Las manifestaciones de
un infarto pueden ser mucho más sutiles y algunas de ellas son las siguientes:
Presión, ardor, tensión o molestia opresiva en el pecho que dura 5 minutos o más
Molestia constante que aparece en indigestión
Presión incómoda del pecho que irradia a hombros, cuello, mandíbula o espalda
Mareo, desmayo, sudor o malestar de estómago
Disnea: dificultad para respirar
Ansiedad, debilidad, náuseas o cansancio inexplicables
Aunque el síntoma más común es el
dolor en el pecho, algunas personas que tienen un infarto no presentan esta
manifestación; por eso es importante conocer algunos signos de alerta como los
anteriores.
Además, debemos hacer una
distinción entre hombres y mujeres, ya que nosotras podemos presentar síntomas
distintos ante una situación de paro cardíaco. Algunos de estos síntomas son:
Dolor o molestia en la mitad del pecho
Dolor o molestia en otras zonas de la parte superior del cuerpo, como los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o el estómago
Otros síntomas como disnea, sudor frío, náuseas o mareo
Los siguientes gráficos muestran de una manera más detallada los casos de infarto de miocardio y las defunciones que se producen en nuestro país:
Algunos tratamientos se inician de inmediato si se sospecha un ataque cardíaco,
incluso antes de que se confirme el diagnóstico.
Oxígeno.
Aspirina, para evitar más formación de
coágulos de sangre.
Nitroglicerina, para disminuir el trabajo
del corazón y mejorar el flujo de sangre a través de las arterias coronarias.
Aunque lo normal es que los pacientes con infarto de miocardio suelen llegar
al hospital una vez transcurridas unas pocas horas del inicio del cuadro. Antes
de que el paciente llegue al centro médico, se realizan algunos estudios
diagnósticos (como el electrocardiograma) y se comienza con el tratamiento del
infarto administrando al paciente oxígeno y medicamentos para tratar de restablecer
el flujo sanguíneo y calmar el dolor.
Con el fin de reducir la mortalidad prehospitalaria, se han desarrollado
programas de asistencia urgente que permiten desplazar al paciente rápidamente
en una ambulancia con personal y material especializados. En este punto es esencial
a vigilancia de las constantes vitales.
Entre el tratamiento farmacológico destacamos:
Morfina intravenosa o subcutánea para
tratar el dolor
Ácido acetilsalicílico (aspirina),
antiagregantes como el clopidogrel y anticoagulantes como la heparina
(previenen que se formen coágulos).
Nitroglicerina para disminuir las
necesidades de oxígeno del músculo cardíaco por lo que disminuye también el
dolor. Se suele administrar por vía sublingual y posteriormente intravenosa.
Betabloqueantes: disminuyen el trabajo que
tiene que realizar el corazón y sirven para prevenir otros ataques cardíacos.
Inhibidores de la enzima convertidora de
la angiotensina: bajan la presión arterial y disminuyen el esfuerzo que tiene
que hacer el corazón.
Calcioantagonistas: son bloqueadores de
canales de calcio por lo que disminuye la tendencia de las arterias coronarias
a estrecharse y posibilitan que el corazón trabaje menos, por lo que descienden
sus necesidades de oxígeno. También reducen la tensión arterial.
Digitálgicos: estimulan el corazón para
que bombee la sangre
Existen distintas técnicas de intervenciones percutánea que se realizan
dependiendo de las características del paciente, grado y localización de la
obstrucción, etc. Es lo que conocemos como tratamiento de reperfusión que va
dirigido a abrir el vaso obstruido y permitir que vuelva a fluir la sangre a la
zona del corazón que está sufriendo el infarto.
Intervención coronaria percutánea: Es el
tratamiento más indicado para abrir el vaso obstruido. Consiste en la
introducción de un catéter por una arteria (habitualmente la arteria radial que
se encuentra en la muñeca) y llegar hasta la arteria que está bloqueada en el
corazón. Una vez que se ha llegado al punto de obstrucción, se insufla una
especie de globo que abre la arteria ocluida, restaurándose de esta forma la
circulación sanguínea. Este procedimiento se denomina angioplastia.
Bypass coronario:La intervención consiste
en seleccionar una sección de una vena o arteria de otra parte del cuerpo para
unirla a la arteria coronaria por encima y por debajo del área bloqueada. Así
se genera una nueva ruta o puente por la que puede fluir la sangre al músculo
cardiaco.
Fibrinolisis: su función es disolver los
coágulos que bloquean el flujo de sangre, pero por medio de medicamentos
intravenosos.
A continuación se presenta un gráfico que nos permite comparar la fibrinolisis efectiva:
Si desea conocer más acerca del tratamiento puede consultar el siguiente vídeo:
La diabetes engloba un conjunto de enfermedades metabólicas caracterizadas por la hiperglucemia (glucosa elevada en sangre) que resulta de defectos en la secreción de insulina, en la acción de la insulina o ambas. La insulina es una hormona secretada por el páncreas que ayuda a que la glucosa entre en las células para proporcionarles energía. En la diabetes tipo 1, el cuerpo no produce insulina. En la tipo 2, la más frecuente, el cuerpo no produce la insulina suficiente como para mantener los niveles de glucosa adecuados o el cuerpo resiste los efectos de la insulina, por lo que la glucosa en vez de entrar en las células permanece en la sangre.
El exceso de glucosa en sangre puede causar, con el tiempo, daño en los ojos, los riñones y los nervios (provocando hormigueo y entumecimiento que puede derivar el la pérdida de sensibilidad en las extremidades afectadas). También puede causar enfermedades cardíacas, derrames cerebrales y dificultad para la cicatrización de las heridas que, si no se trata, puede generar graves infecciones que requerirán amputación de los miembros. Las personas con diabetes son más propensas a presentar enfermedades en la piel y apnea del sueño además, tener diabetes aumenta el riesgo de padecer Alzheimer.
Los factores de riesgo de la diabetes tipo 2 son los siguientes:
Ser adulto mayor (más de 45 años).
Tener sobrepeso.
Tener antecedentes familiares de diabetes.
No hacer ejercicio físico, ya que la actividad ayuda a controlar el peso, utilizar la glucosa como energía y que las células sean más sensibles a la insulina.
Sufrir prediabetes (trastorno en el cual el nivel de azúcar en sangre es más alto de lo normal pero no lo suficiente como para tener diabetes).
Distribución de grasa principalmente en el abdomen, el riesgo aumenta en hombres con una circunferencia de cintura superior a 101,6 cm y en mujeres con más de 88,9 cm.
Haber padecido diabetes gestacional durante el embarazo.
Tener síndrome de ovario poliquístico.
Tener zonas de piel oscurecida, normalmente en las axilas y el cuello.
El coma etílico ocurre cuando una
persona pierde la consciencia debido a un exceso de alcohol en el organismo.
Generalmente, esto sucede cuando se bebe de manera descontrolada, sobrepasando
la capacidad del hígado de metabolizar esa cantidad de alcohol, lo que trae
como consecuencia la intoxicación del cerebro y de otros órganos del cuerpo.
La probabilidad de sufrir uno de
estos episodios aumenta cuando se tienen más de 3 gramos de alcohol por cada
litro de sangre.
Esta condición se considera un
estado grave, ya que si no se trata de manera rápida, podría ocasionar la
muerte de la persona debido a la disminución de la capacidad respiratoria,
disminución de la frecuencia cardiaca y la caída de niveles de glucosa en
sangre.
Factores de riesgo:
Peso y complexión corporal
Estado de salud en general
Combinación de alcohol y otras drogas
Índice y cantidad de alcohol que consumes
Nivel de tolerancia al alcohol
Adolescentes
La siguiente imagen, muestra la media nacional de adolescentes que consumen alcohol en nuestro país:
Además, el siguiente gráfico aporta información sobre las diferentes bebidas alcohólicas que consumen los adolescentes en nuestro país y hace un balance entre hombres y mujeres (datos propios):
Las manifestaciones clínicas de una intoxicación etílica aguda (IEA) son muy variadas y van desde la leve inconsciencia al coma. Los síntomas pueden variar según:
La rapidez de la ingesta.
La susceptibilidad previa del paciente (los alcohólicos necesitan dosis más altas)
El consumo combinado con otros tóxicos como la cocaína.
En términos generales tenemos distintos síntomas como:
Vómitos
Confusión
Convulsiones
Respiración lenta (menos de ocho respiraciones por minuto)
Respiración irregular (intervalos de más de 10 segundos entre respiraciones)
Piel azulada o pálida
Temperatura corporal baja (hipotermia)
Desmayos (pérdida del conocimiento) sin poder despertarse
Haciendo un balance según el grado de ingesta de alcohol podemos dividir los síntomas en:
Ingesta de 25-50 mg/dl: Disminución de la coordinación motora y sensación de bienestar
Ingesta de 30-60 mg/dl: Relajación, sedación leve y desinhibición
Ingesta de 80-100 mg/dl: Dificultad de concentración, hablar mucho más y disminución del juicio, deseos de seguir bebiendo y sentimiento de tristeza o exaltación.
Ingesta de 110-120 mg/dl: Dificultad de coordinación en los movimientos y equilibrio, movimientos oculares involuntarios, visión doble y problemas al mover los músculos del habla.
Ingesta de 140-150 mg/dl: Letargia (sensación de que se te duerme todo el cuerpo)
Ingesta de 200 mg/dl: Lenguaje incoherente, vómitos, pérdida del habla y pérdida del entendimiento y el raciocinio.
Ingesta de 300-400 mg/dl: Coma si no estás acostumbrado a beber alcohol, depresión respiratoria, hipotensión, hipotermia e hipoglucemia
Ingesta de 500 mg/dl: coma profundo.
Ingesta mayor a 500 mg/dl: Cantidad altamente letal (parálisis respiratoria y muerte) tanto en bebedores crónicos como esporádicamente.
A continuación se expone unas gráfica donde se observa el consumo, dependencia y comienzo de consumo del alcohol en distintas edades.
consumió alguna vez alcohol.
Posible dependencia al alcohol.
Tendencias de la edad a empezar a consumir alcohol.
La anorexia nerviosa, comúnmente
denominada solamente “anorexia”, es un trastorno de la alimentación que se
caracteriza por el peso corporal anormalmente bajo (delgadez extrema), temor
intenso a aumentar de peso y la distorsión del propio cuerpo.
Los pacientes que padecen
anorexia, están muy pendientes de controlar su peso y su figura corporal;
además realizan diferentes tipos de sacrificios que suelen alterar de manera
significativa su vida diaria.
En realidad, la anorexia va más
allá de la alimentación, ya que es una manera extremadamente peligrosa de
afrontar los problemas emocionales de la persona.
Factores de riesgo:
Más común en niñas y mujeres, aunque está aumentando considerablemente el número de hombres afectados por este trastorno
Adolescencia: están muy influenciados por las presiones de la sociedad y son más susceptibles a las críticas sobre el peso o la figura corporal
Factores genéticos: existen una serie de genes que pueden hacer que ciertas personas sean más propensas a desarrollar la enfermedad. Aquellas personas que tienen un antecedente directo en la familia, tienen un riesgo mucho mayor.
Dieta y hambre: el adelgazamiento y la sensación de hambre pueden modificar la funcionalidad de nuestros cerebros, lo cual puede derivar en perpetuar las conductas alimentarias restrictivas e impedir el regreso a los hábitos alimentarios normales.
Transiciones: episodios como cambiar de escuela, casa o trabajo, perder a una persona querida o cortar algún tipo de relación, pueden causar estrés emocional y aumentar el riesgo de padecer anorexia.
El siguiente gráfico, especifica el número de muertes que se dieron en España por anorexia desde el 2005-2017, marcando la diferencia entre los casos de hombres y mujeres (datos propios):
Si estás interesado en conocer un poco más sobre esta enfermedad, te invitamos a que veas el siguiente vídeo:
Enfermedad provocada por la invasión
de microorganismos en el tracto urinario. Puede producirse a través de dos vías
diferentes: por el extremo inferior de las vías urinarias (meato urinario), que
es el caso más común; o a través del torrente sanguíneo, en cuyo caso se van a ver
afectados de manera directa los riñones.
Las infecciones urinarias más
comunes son las provocadas por las bacterias, especialmente la Escherichia
Coli, que normalmente proviene del intestino. Además de las bacterias,
también existen virus, hongos, parásitos o distintos factores no infecciosos
que pueden ocasionarlas.
Factores de riesgo:
Pacientes con sondajes vesicales: pueden desarrollar más fácilmente infecciones procedentes de dichos instrumentos
Personas con alteración del sistema nervioso que les impida controlar la vejiga voluntariamente (personas mayores)
Trastornos que produzcan una supresión del sistema inmune; ya que este sistema es el encargado de "frenar" a los microorganismos patógenos responsables de las infecciones
Adolescentes: trastorno muy común en las personas que comienzan a mantener relaciones sexuales
Varones con la próstata dilatada: el flujo normal de orina se puede ver reducido y aumentan las posibilidades de padecer la infección.
Mujeres: uretra más corta que la de los varones y es más fácil que los microorganismos alcancen las vías urinarias y las colonicen.
La siguiente gráfica, muestra cuáles son las causas más frecuentes de infección de orina (datos propios):
La mononucleosis infecciosa, a
veces conocida como “la enfermedad del beso” está causada por un virus que se
transmite por contacto salivar. Las posibles maneras de contagio son, además de
los besos, la tos o los estornudos y el hecho de compartir vasos o cubiertos
con alguien que la padezca.
La probabilidad de contraerla con
todos los signos y síntomas es más común en los adolescentes y en los adultos
jóvenes. Los niños pequeños por lo general tienen pocos síntomas y pasan la
infección sin que haya sido reconocida.
Factores de riesgo:
Edad: la población más propensa a sufrir la enfermedad son adultos jóvenes y adolescentes
Residir en países en vías de desarrollo
Malas condiciones sanitarias y ambientales
Contacto directo (saliva)
En la siguiente tabla, proporcionada por el Ministerio de Sanidad, se muestran los grupos de edad más afectados por esta patología y los que requieren atención sanitaria:
La parotiditis (paperas) es la
inflamación de las glándulas parótidas, que son las glándulas salivales de
mayor tamaño y están situadas a ambos lados de la cara. Aunque pueden estar
provocadas por bacterias, su causa más frecuente en la infección vírica;
concretamente el virus paramyxovirus.
Esta infección causa un
agrandamiento doloroso de las glándulas salivales; aunque también pueden
afectar a otros órganos, especialmente en la edad adulta.
Las personas infectadas pueden
propagar el virus al toser, estornudar, hablar, compartir utensilios (como
vasos o cubiertos) o por contacto directo (saliva). El contagio puede
producirse desde antes de que las glándulas se inflamen y hasta 5 días después
del comienzo de la inflamación.
Factores de riesgo:
Inmunización incompleta, junto con la exposición de las personas sanas a enfermos de parotiditis
Edad: el riesgo más alto oscila en niños de entre 2-12 años de edad
Viajes a regiones de alto riesgo: África, India y sudeste asiático; cuyas áreas tienen una tasa de vacunación muy baja
Sistema inmune debilitado (inmunodeprimidos): ya sea debido a enfermedades como el VIH, a medicamentos de uso oral esteroide durante más de dos semanas o a tratamientos de quimioterapia.
En el siguiente gráfico, se observa la evolución que ha tenido esta enfermedad en España durante los últimos 14 años (datos propios):
La parotiditis epidémica, comúnmente llamada paperas no presenta un tratamiento concreto, por lo tanto cuando una persona tiene esta enfermedad será tratada para disminuir los síntomas. Para ello, se administran antitérmicos, analgésicos o antiinflamatorios. Además se debe mantener una adecuada hidratación y es recomendable evitar los fármacos sialogogos (que estimulen la secreción de las glándulas salivales). También se puede aplicar frío local para reducir la inflamación (en caso de orquitis).
La mejor manera de prevenir esta enfermedad es la vacunación. Está vacuna suele ser administrada conjuntamente con la vacuna contra el sarampión y la rubeola (SPR), es la vacuna conocida como triple vírica. Esta vacuna está incluida en el calendario vacunalespañol, en Galicia se administra la primera dosis a los 12 meses y una segunda dosis de recuerdo a los 3 años. Es recomendable que estas vacunas estén puestas ante del ingreso de los niños en el ámbito escolar. La triple vírica es muy segura y eficaz, la mayoría de las personas no presentan efectos secundarios tras su administración aunque en algunas ocasiones puede causar fiebre leve, erupción cutánea o dolor muscular durante un período breve de tiempo. Por lo tanto, ponerse está vacuna es mucho más seguro que contagiarse de parotiditis.
La amigdalitis es una infección de las amígdalas. Las amígdalas son unos “bultos” que se sitúan en la parte posterior de la garganta y ayudan al sistema inmunitario a proteger al cuerpo de las infecciones. Las amígdalas inflamadas se ponen de color rojo y se hinchan, y pueden provocar dolor de garganta. Las personas de cualquier edad pueden tener amigdalitis pero las faringoamigdalitis estreptocócicas son más comunes en niños y adolescentes de entre 5 y 15 años.
Esta infección aumenta con:
La edad temprana ya que la mayoría de las veces, la amigdalitis se produce en niños, pero, en raras ocasiones, se produce en menores de 2 años. La amigdalitis causada por bacterias es más frecuente en niños de 5 a 15 años, mientras que la amigdalitis viral es más frecuente en niños más pequeños
Los niños en edad escolar están en contacto directo con sus compañeros y se exponen con frecuencia a virus o bacterias que pueden causar amigdalitis.
A continuación se expone dos gráficos que explica a que edad afecta más la faringoamigdalitis en niños y niñas y en que periodo estacional tiene mas incidencia esta infección.
El tratamiento para las lombrices
o parásitos intestinales se debe realizar con el uso de medicamentos
antiparasitarios prescritos por el médico y se debe tomar de acuerdo a las
indicaciones clínicas. Algunos ejemplos de estos fármacos antiparasitarios son:
Albendazol
Mebendazol
Metronidazol
El uso de un fármaco u otro va a variar dependiendo del tipo de parásito que cause la infección.
Sin embargo, el tratamiento debe
complementarse con ciertos cuidados de higiene, como lavarse las manos frecuentemente, así como lavar las sábanas y la ropa dos veces a la
semana; de esta manera, se evita que la infección vuelva a surgir o que infecte
a los demás miembros de la familia.
A continuación, vamos a enumerar de manera más detallada ciertos hábitos que debemos adoptar en nuestra vida diaria para prevenir la infección de parásitos intestinales:
Lavar con agua caliente (60oC) sábanas, pijamas y toallas
Lavar las manos después de ir al baño y antes de comer
Llevar las uñas cortas y no morderlas
No sacudir la ropa de cama, toallas o pijamas
Usar pijamas cerrados para evitar el contacto mano-región perianal
Higiene personal para evitar la proliferación de estos microorganismos
Las infecciones parasitarias, al igual que otras muchas enfermedades, tienen incidencias mucho mayores en los países pobres que en los países ricos. Esto es debido, a que las condiciones higiénicas y ambientales en las que viven las personas de estos lugares, no son suficientes para prevenir muchas de estas dolencias.
A continuación, mostramos un gráfico de sectores (datos propios), en los que se ve claramente la diferencia de incidencias entre países ricos y pobres:
Tras el contacto con el virus, el periodo de incubación de la varicela suele durar unas dos semanas. Pasado este tiempo comienzan a aparecer sus síntomas característicos:
Fiebre moderada que durará dos o tres días.
Cansancio y sensación de malestar general
Dolor de cabeza
Falta de apetito
Todo esto irá acompañado de la aparición de manchas rojizas y planas que van aumentando su relieve hasta convertirse en ampollas o vesículas que duran entre cinco y diez días. Lo más normal es que, al principio, causen un picor intenso. Suelen comenzar en el tórax y se van extendiendo por el resto del cuerpo.
Cada una de estas ampollas pasará por una serie de fases (cada ampolla es independiente de las demás por lo que se pueden encontrar en diferentes fases):
Evolución Ampollas
Bultos rojos o rosados elevados conocidos como pápulas, que brotan durante varios días.
Pequeñas ampollas llenas de líquido (vesículas), que se forman en más o menos un día y luego se rompen y drenan.
Costras que cubren las ampollas abiertas y necesitan varios días para curarse.
A continuación, se muestra un gráfico con la frecuencia con la que aparecen estos síntomas.
El valor 1 hace referencia a la aparición de manchas; el 2 a la fiebre; el 3 al cansancio y a la sensación de malestar; el 4 al dolor de cabeza y el 5 a la falta de apetito.
Así vemos como en todos los casos aparecen manchas y cansancio, en 9 de cada 10 casos se presenta fiebre y falta de apetito y en 8 de cada 10 dolor de cabeza.
En los niños sanos no suele cursar con mayores problemas mientras que en los adultos, a menudo, se presentan un mayor número de lesiones y complicaciones asociadas como puede ser la neumonía.
Entre el 80% y el 90% de las personas que conviven con estos pacientes u sean susceptibles van a contraer la enfermedad y al tener una mayor exposición al virus desarrollarán un cuadro más grave.
Por último, señalar que el virus se puede contagiar durante un máximo de 48 horas antes de que aparezca la erupción y hasta que todas las ampollas se hayan cubierto de costra (contagio por contacto).
Si deseas conocer más la sintomatología de esta patología puedes consultar el siguiente vídeo: